Me Gusta


Me gusta ser arquitecto, y modelar espacios. Me gusta darme vueltas por la ciudad y saber que en ella puedo leer cosas para las que tuve que aprender a leer de nuevo. Hacerme arquitecto, desde la perspectiva de la educación, me costó más tiempo y energía de lo que me costó nada en la vida, pero valió la pena. Me gusta decir que soy arquitecto, no por la vanagloria, sino porque decirlo me lo convierte en una verdad  con la que me comprometo, y me define nuevamente. Me gano la vida con eso, modelando espacios, y hoy enseñando lo que sigo intentando comprender, enseñando que no se termina de comprender. Quizás eso es lo que me gusta de esto, que no tiene una definición final, que siempre se está en construcción.

Me gusta haber aprendido a tocar la batería, con los cojines del sillón. Me gusta haber tenido muchos pares de baquetas y ninguna batería, quizás eso me inculcó respeto por los instrumentos. Aprendí también a tocar guitarra con guitarras prestadas. Más o menos. Más o menos mal, en realidad. Y ahora toco el bajo, que es el exacto centro entre mi afición por lo rítmico y lo melódico. Me gusta saber lo que es pararse en un escenario y poder ensoñar sobre la expectativa de repetir esa experiencia, aunque sea algunas pocas veces más. Me gusta tener un bajo y un amplificador, y saber que ahí tengo un espacio para ahogar las penas, para recargarme, para reiniciar.

Me gustan mis hijos, me gusta que ellos son y están, más allá de mí. Me gusta cuando conversamos, con el que arma frases completas y complejas que me dejan perplejo frecuentemente, y con el que inventa palabras para explicar sus ideas. Me gusta el ejercicio de intentar comprenderlo, me gusta achuntarle cuando intento descifrar su rico vocabulario de niño de dos años. Me gusta discutir con los insólitos argumentos del de nueve. Me gusta que ellos sean el sustento de una familia, sin que me interesen particularmente las formalidades, me gusta la familia. Mis familias son dos, una de la que vengo, y la otra es mi mayor proyecto.

Me gusta haber sufrido, me gusta el sacrificio. Me gusta estar cansado, porque no recuerdo haber terminado cansado de algo que no valiera la pena.

Me gusta discutir, porque me haces mejor persona, me gusta cuando te ríes con mis payasadas, me gustan los abrazos de sábado por la mañana, porque me gusta despertar con tu abrazo en lugar del despertador. Me gusta cuando estás aquí, me gusta la obra que llevamos, me gusta que seas parte de mis más importantes experiencias en la vida.

PD: no hay un orden intencionado.

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