Progreso Metropolitano y Ruina Local

Tan familiarizados, como lo estamos con las nuevas estructuras viales, ampliaciones del metro y los túneles, lo estamos con sus repercusiones en el espacio local. Nadie chista, porque son los costos del progreso. Las cicatrices de estas cirugías han sido nimiedades ignoradas, en beneficio del bien mayor, que es la conectividad, la velocidad, etcétera.

Por alguna razón, bastante sospechosa (y dejémoslo así por ahora), generalmente estas cicatrices son más terribles en las comunas más pobres del conjunto intervenido. En el caso de las más ricas, existe un repaso, con el grácil láser de los grandes recursos, que atenúa bastante el efecto de estas instalaciones. Una forma muy clara de evidenciarlo es catastrar los kilómetros de pasos sobre nivel, o vías aéreas en comunas de la zona sur, versus lo ocurrido en Ñuñoa, Providencia o Las Condes.

La verdad es que los beneficios metropolitanos, que ofrecen las intervenciones viales recientes, son indiscutibles, pero como todo el mundo se ha focalizado tanto en sus virtudes, nadie ha reparado en el costo local de estas intervenciones. Y cuando digo local, me refiero a las manzanas más inmediatas, la merma urbana en algunos casos ha sido enorme.

Uno de los problemas más frecuentes, es encontrarse con un paso sobrenivel, o derechamente una vía aérea, que asoma a los comedores, salas de estar y dormitorios de los terceros y cuartos pisos de los blocks pre existentes, y todos los pasajeros de los vagones acompañan con sus caras aplastadas contra las ventanas, las onces de todas las tardes a los habitantes de estas viviendas.

En el sentido contrario, me pregunto por el estropicio causado a la vista de estos vecinos, muchos de ellos gozaron de vista privilegiada a la cordillera, ¿y ahora? Miles de vehículos circulan frente a sus viviendas, tan veloces que es imposible distinguir modelos y marcas, por último para que observarlos permita alguna actividad menos idiotizante.

Esta misma situación la sufrirán aquellos que habitan casas de uno o dos pisos, y que han debido instalar la piscina plástica del patio, al interior del hogar, para refrescarse semidesnudos en privado nuevamente.

Me pregunto al mismo tiempo, en qué cajón quedaron guardados los informes de impacto acústico, al menos los proyectuales, porque no creo que se hayan hecho nuevos una vez puestas en marcha estas obras concesionadas.

Otra dimensión es la que tiene lo que ocurre bajo los pasos sobre nivel, que han regalado extensos meaderos, basurales, oscuros rincones para delincuentes, refugio para vagabundos, soportes para afiches de recitales, y algunas otras propagandas más odiosas, y extensos metros cuadrados de polvo, maleza y piedras, en algunos casos.

En la estación Macul, bajo el paso de Vespucio Sur, se instalaron paraderos a los que es imposible acceder de manera directa desde el metro, todo esto, porque en ese minuto hablar de un sistema integrado era más bien parte de un discurso que de un proyecto de transporte.

Si a usted le interesan los conceptos económicos asociados, pues bien, claramente estas viviendas han sufrido una considerable minusvalía, al menos para aquellas que se encuentran distantes de estaciones de metro nuevas, y esto debido a los ruidos, a la invasión visual, a las dificultades para cruzar una arteria de estas y otras propias de las cicatrices ya descritas.

En algún noticiero oí que se planea ofrecer a concurso, solucionar el problema de algunos de estos espacios, de modo que se invierta y se “recuperen“. Lo raro acá es que lo que se recupera, según entiendo yo, es lo que vuelve a su mejor estado, pero en rigor ese no existió, sólo vino un nuevo estado asociado a una intervención de carácter mayor. En la misma nota se indicaba que no estaba clara la suma de dinero a invertir, el formato del concurso, ni cuántos de estos espacios llevarían -insisto con las comillas- “a recuperar“.

Ojalá funcione, aunque a lo que hay que estar atentos es que, por lo pronto, la lógica de la explotación económica de las mega-infra-estructuras urbanas, es completamente incompatible con la contemplación del escenario urbano local, y no tendrá ningún miramiento a la hora de no hacerse cargo de lo que no se le exija. Si los contratos de concesión hubiesen contemplado estos parámetros, con toda lógica hubiesen aparecido ofertas igual de serias, y que los cubrieran.

Les dejo de tarea para la casa pensar en las pasarelas, en cualquiera de sus versiones y en otros adefesios asociados a estas nuevas infraestructuras urbanas.

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